Llegará el día en que los dos referentes de la historia del deporte españoles que ya no estén. Los que han (hemos) crecido pegados a la pantalla animando a Rafa Nadal y Pau Gasol sentirán un vacío enorme cuando cojan el mando y no estén al otro lado. Y, por desgracia, falta cada vez menos.

Ley de vida, sí, pero a uno siempre le cuesta aceptarlo. Como una madre cuando ve que sus hijos se marchan de casa o cuando una relación toca a su fin, porque por más que uno se empeñe el tiempo corre en contra de todos, incluso de los que parecen inmortales.

Porque verles como anoche, después de tantas piedras en el camino, independientemente del resultado, hace recordar que la vida es esto: caes, te levantas, das las gracias, y a seguir, siempre intentando superarte y rodeándote de los tuyos. Y esto nunca está de más recordarlo en los tiempos que corren, donde uno pone el telediario y le dan ganas de apagar el aparato para siempre.

Algunos de los que leen estas nostálgicas líneas pensarán, quizás, como algún cargo político en las últimas horas, que “son solo un señor lanzando canastas y otro dando raquetazos”. Igual que Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band es solo un disco, igual que El Señor de los Anillos es solo una trilogía o igual que El Quijote solo un libro.

Pero no. La gran mayoría saben (sabemos) que son mucho más que eso, y que el enorme vacío que dejarán será imposible de llenar. Vendrán otros, sí, pero no será lo mismo. Y es por ello que se debe disfrutar de cada saque, de cada mate, de cada derecha, de cada bloqueo, de cada victoria y de cada derrota que, desde sus inicios, ya pertenecían a todos. A un país que jamás tendrá mejores embajadores que un chaval de Manacor y otro de Sant Boi, le pese a quien le pese.

Porque cuando falten Rafa y Pau, ya nada será igual.

Via Marca.com